

Pocas flores tienen una estructura tan increíble como el mburucuyá —la pasionaria o flor de la pasión—. Filamentos en corona, tres estigmas, cinco anteras, un diseño que parece dibujado a propósito. Y justamente por eso se le atribuyeron significados enormes.
Su nombre no viene de la pasión amorosa sino de la Pasión de Cristo. Los misioneros que llegaron a América en el siglo XVI leyeron en su forma un relato completo:
De ahí que simbolice fe, sacrificio y devoción. En un registro más laico, hoy se la asocia también a la pasión intensa, la espiritualidad y la belleza compleja.
La versión de estas tierras es distinta y hermosa. Cuenta la leyenda que Mburucuyá, una joven española, se enamoró de un guerrero guaraní. Separados por sus mundos, ella murió de tristeza sobre la tumba de él y pidió ser enterrada allí, con el arco y las flechas de su amado. De esa tumba brotó una planta trepadora con una flor cuyos filamentos son las plumas del penacho y cuyos estigmas son las flechas. La flor del amor que no pudo ser.
Crece silvestre en el Litoral, el NEA y buena parte del centro del país; es planta nativa y trepadora vigorosa. Su fruto es el maracuyá, y sus hojas se usan tradicionalmente en infusión por su efecto relajante. Hay incluso un pueblo correntino que lleva su nombre.
Como flor cortada casi no se usa: dura horas. Pero como planta trepadora en maceta es un regalo espectacular para quien tiene balcón, patio o reja: crece rápido, florece todo el verano y da fruta.
Por la Pasión de Cristo, no por la pasión amorosa. Los misioneros del siglo XVI leyeron en su forma un relato completo: la corona de filamentos como corona de espinas, los tres estigmas como los clavos, las cinco anteras como las llagas.
Cuenta que Mburucuyá, una joven española, se enamoró de un guerrero guaraní. Separados por sus mundos, ella murió de tristeza sobre su tumba y pidió ser enterrada allí con el arco y las flechas de él. De esa tumba brotó la flor: los filamentos son las plumas del penacho y los estigmas, las flechas.
Sí: su fruto es el maracuyá. Es una trepadora nativa muy vigorosa que crece bien en el Litoral y en buena parte del centro del país, y sus hojas se usan tradicionalmente en infusión relajante.
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