

El baby shower es una fiesta de expectativa: se celebra algo que todavía no llegó. Las flores le quedan perfectas justamente por eso —hablan de comienzo— y resuelven la decoración con poco esfuerzo.
La clave es una paleta suave y luminosa, sin perfumes intensos (muchas embarazadas tienen el olfato hipersensible):
Nada de lilium, nardos, jacintos ni jazmines en un salón cerrado: el perfume es demasiado. Y ojo con el lilium por otro motivo: su polen mancha la ropa y es tóxico para los gatos si la fiesta es en una casa con mascotas.
Para un baby shower conviene bajo y repetido antes que alto y único: los invitados tienen que verse las caras. Tres ideas simples:
Si vas de invitado y querés llevar algo además del regalo para el bebé:
Rosa y celeste siguen siendo lo habitual, pero cada vez más se elige una paleta neutra —blanco, verde y crema, o amarillo suave— que funciona igual de bien y evita el asunto por completo.
Las de paleta suave y sin perfume fuerte: gerberas, margaritas, rosas pastel, lisianthus, astromelias y gypsophila. Muchas embarazadas tienen el olfato hipersensible, así que conviene evitar lilium, nardos, jacintos y jazmines en un salón cerrado.
Bajos y repetidos. Los invitados tienen que verse las caras. Frascos de vidrio con tres o cuatro tallos agrupados de a tres, o tacitas con arreglos chiquitos, funcionan mejor y salen más baratos que un arreglo grande.
Un ramo suave en tonos pastel, o mejor todavía una planta de interior fácil (potus, sansevieria): dura mucho más que un ramo y no exige tiempo, que es justo lo que le va a faltar.
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