

Un ramo de flores no termina cuando se marchita. Si tiene valor sentimental —el de tu casamiento, el de una propuesta, el último que te regaló alguien— hay varias formas de conservarlo. Y si no lo tiene, igual sirve.
El método clásico y el que mejor funciona con rosas, lavanda, gypsophila y estáticas:
Por qué boca abajo y en oscuridad: la gravedad mantiene el tallo derecho mientras se deshidrata, y la falta de luz conserva mucho mejor el color.
Ideal para flores planas —pensamientos, margaritas, pétalos sueltos— y para hacer cuadritos, marcapáginas o tarjetas. Ponelas entre dos hojas de papel absorbente, adentro de un libro pesado, y esperá dos semanas. El resultado se puede enmarcar o plastificar.
Si no vas a conservarlo, las flores son material verde excelente para una compostera: se degradan rápido y aportan nitrógeno. Sacá los alambres, las cintas, las gomitas y la esponja floral, que no son compostables. Los tallos gruesos conviene cortarlos en trozos chicos.
Sacale las hojas, atalo en manojos chicos y colgalo boca abajo en un lugar oscuro, seco y ventilado durante dos o tres semanas. Boca abajo mantiene el tallo derecho y la oscuridad conserva mucho mejor el color.
La sílica gel: se entierra la flor en el granulado dentro de un recipiente hermético y en una semana queda seca conservando forma y color casi intactos. La glicerina también sirve, sobre todo para follaje.
Sí, son material verde excelente: se degradan rápido y aportan nitrógeno. Sacá antes los alambres, cintas, gomitas y la esponja floral, que no son compostables, y cortá los tallos gruesos en trozos chicos.
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