

El mundo de las flores está lleno de creencias que se repiten sin cuestionar. Algunas son ciertas, otras son falsas y varias son verdades a medias. Vamos una por una.
Verdad a medias. La aspirina (ácido acetilsalicílico) acidifica levemente el agua, lo que ayuda a que el tallo absorba mejor. Pero el efecto es modesto y hay opciones mejores: unas gotas de jugo de limón acidifican más eficientemente, y el sobrecito de conservante floral hace las tres cosas que importan (acidificar, alimentar y frenar bacterias).
Falso en la práctica. Es cierto que de noche las plantas respiran y consumen oxígeno, pero la cantidad es ínfima: mucho menor que la de una persona dormida al lado. Harían falta cientos de plantas en un cuarto sellado para que importe.
Y hay un caso al revés: las suculentas y sansevierias hacen metabolismo CAM y liberan oxígeno de noche.
Verdad a medias, y muy interesante. Los girasoles jóvenes sí hacen heliotropismo: giran de este a oeste durante el día y vuelven al este de noche. Pero cuando la planta madura y la flor se abre del todo, deja de girar y queda mirando permanentemente al este.
Hay una razón: mirar al este hace que la flor se caliente antes por la mañana, y eso atrae más polinizadores. Un campo de girasoles adultos mira todo para el mismo lado.
Verdad. Cuando cortás un tallo al aire, entra aire en los conductos y se forma una embolia que bloquea la absorción. Cortando bajo el agua eso no pasa. Es de los trucos con mejor evidencia real.
Verdad a medias, por un motivo inesperado. No entienden, obviamente. Pero hay dos efectos reales: al hablarles de cerca exhalás dióxido de carbono, que es materia prima de la fotosíntesis; y —más importante— quien le habla a sus plantas las mira más seguido, y detecta antes que tienen sed, plagas o poca luz. El efecto es real; la causa es otra.
Superstición. No hay ninguna base, aunque el Feng Shui las desaconseja por no aportar "energía viva". Lo que sí es objetivo: acumulan polvo y ácaros si no se limpian.
Falso hoy. El cobre tiene propiedades antifúngicas, así que la idea tenía sentido cuando las monedas eran de cobre macizo. Las monedas actuales son de aleaciones con muy poco cobre y no hacen prácticamente nada.
Superstición cultural. No hay ningún fundamento. Lo que sí es cierto es que ciertas flores tienen una asociación fúnebre muy fuerte en cada cultura (acá, los crisantemos blancos), y por eso conviene evitarlas en contextos festivos: no por mala suerte, sino por el mensaje que transmiten.
Falso en general, verdad para algunas. La mayoría de las plantas tolera perfectamente el agua de red. Pero algunas son sensibles al cloro y al flúor: calatheas, espatifilos, palmeras y violetas africanas muestran puntas marrones. Para esas, dejar reposar el agua 24 horas resuelve el problema.
Falso, y es contraproducente. Es uno de los mitos más difundidos de la jardinería. Por un fenómeno físico llamado zona de saturación, la capa de piedras hace que el agua se acumule más arriba, justo donde están las raíces. Lo que mejora el drenaje es un buen sustrato aireado y un agujero funcional.
Verdad, con una condición. El azúcar sí es alimento para la flor cortada. Pero también es alimento para las bacterias, así que azúcar sin un biocida acelera la muerte del ramo. Por eso el conservante floral trae los dos ingredientes juntos. Si hacés la mezcla casera, no te olvides de la gota de lavandina.
Falso como lo entendemos, fascinante igual. Las plantas no tienen sistema nervioso ni cerebro, así que no experimentan dolor. Pero sí tienen sistemas de señalización sofisticados: emiten compuestos volátiles cuando son atacadas, avisan a plantas vecinas y activan defensas químicas. No es dolor, pero tampoco es pasividad.
En la práctica, no. Sí consumen oxígeno al respirar de noche, pero en una cantidad ínfima, mucho menor que la de una persona dormida al lado. Harían falta cientos de plantas en un cuarto sellado para que importe. Y las suculentas y sansevierias hacen lo contrario: liberan oxígeno de noche.
Sí, pero por un motivo inesperado. Al hablarles de cerca exhalás dióxido de carbono, materia prima de la fotosíntesis. Y más importante: quien le habla a sus plantas las mira más seguido, y detecta antes que tienen sed, plagas o poca luz. El efecto es real; la causa es otra.
No como lo entendemos: no tienen sistema nervioso ni cerebro. Pero sí tienen sistemas de señalización sofisticados: emiten compuestos volátiles cuando son atacadas, avisan a plantas vecinas y activan defensas químicas. No es dolor, pero tampoco es pasividad.
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