La orquídea tiene fama de difícil, pero en realidad solo necesita entender tres cosas: agua, luz y aire en las raíces. Con esta guía la vas a mantener sana y floreciendo.
El error más común es regar de más. La orquídea prefiere secarse un poco entre riegos. Regá aproximadamente una vez por semana (menos en invierno), mojando bien las raíces y dejando escurrir todo el excedente. Nunca la dejes con agua estancada en el plato.
Necesita luz abundante pero indirecta. Una ventana con claridad, sin sol directo del mediodía que le queme las hojas. Si las hojas están verde muy oscuro, le falta luz; si se ven amarillentas o con manchas, le sobra.
A diferencia de un ramo, la orquídea es un regalo que acompaña por meses. Por eso es ideal para agradecer, felicitar o decorar un ambiente con elegancia.
Una vez por semana en verano y cada 10 a 15 días en invierno, pero por remojo: sumergí la maceta 10 a 15 minutos y dejá escurrir bien. No se riega a chorritos. La señal más confiable son las raíces: verdes significa hidratada, gris plateado significa que pide agua.
No la tires: es un ciclo normal. Cortá la vara por encima del tercer nudo contando desde abajo y seguí con los cuidados habituales. En 2 a 4 meses suele rebrotar. Si la vara se secó y se puso marrón entera, cortala desde la base.
Casi siempre es un problema de raíces, no de falta de agua. Si regaste de más, las raíces se pudrieron y ya no pueden absorber, así que la planta se deshidrata aunque el sustrato esté mojado. Sacala de la maceta, cortá lo podrido y replantá en corteza nueva.
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